ITINERARIO A REALIZAR
Se recomienda empezar por la tierra paramera de Barahona a la que accederemos por la N-111 hasta Almazán y después por la comarcar 101. Allí nos encontraremos pequeños pueblos con el único románico de la zona. Bordeando la provincia de Guadalajara llegaremos hasta la sierra Ministra, donde descubriremos los yacimientos paleontológicos de Torralba y Ambrona.. Después nos adentraremos en la valle del Jalón, discurriendo por la autovía de Aragón, paralela al Río. Visitaremos las principales poblaciones: Medinaceli, donde se puede descansar y comer; para continuar por la tarde, con Arcos de Jalón y Santa María, sin olvidar algunos pequeños pueblos de indudable encanto.
BARAONA
Será esta villa mágica el comienzo de nuestro itinerario. Se dice que es ésta tierra de brujas. La leyenda se hace historia documentada en un escrito del archivo de La Cuenca, que habla del proceso de la Inquisición que juzgaba a varias brujas de Baraona. De los aquelarres de la zona se habla también en el Madoz y en algún libro de antropólogo Julio Caro Baroja. Mentira o verdad cuentan las afueras con el campo de las Brujas, donde se dice que éstas bailaban con diablos alrededor de una extraña piedra cónica con un agujero, que aún se conserva misterios e inquietante, llamada el "confesionario de las brujas". En un promontorio, dominando la población, se alza su parroquial, la de San Miguel, coronada con una curiosa veleta, que representa a una mujer cabalgando. Es la varona de Castilla. En el interior no se debe dejar de admirar su retablo.
CAMINO DE MEDINACELI
Iniciaremos el camino hacia la villa desviándonos hasta Alpanseque, en donde su parroquial de la Asunción tiene cegada una puerta románica muy deteriorada con una representación del crismón, símbolo propio del Camino de Santiago, uno de los pocos que se conservan en la provincia, junto con el de Romanillos y el de San Bartolomé, en el río Lobos. Está sostenido por dos toscas figuras. Hay que observar la curiosa decoración exterior de una de las casas del pueblo, hecha a base de fósiles.
Ya en dirección hacia Medinaceli pasaremos por Romanillos, pueblo de caminos, por donde pasa una calzada romana y la cañada oriental soriana. Su parroquial está dedicada a San Miguel y es románica; en su portada podemos observar también un crismón. Al lado de la puerta, una original torrecilla adosada que guarda la escalera de acceso al campanario. Conserva el pueblo dos ermitas. Camino de una de ellas, se puede ver un originar viacrucis de piedra, datado en el siglo XVI. También hay una fuente romana y tumbas antropomorfas medievales junto al cementerio. Cuenta Romanillos con una colección etnográfica, obra de la peña cultural del pueblo, donde destacan los enseres de cocina, un horno de poya y objetos de una antigua farmacia.
Cogiendo un desvío se llegará a Mezquetillas, cuyo nombre se atribuye a una probable mezquita que se alzaba en el lugar que ahora ocupa su parroquial románica. La portada es posterior, de época renacentista. En vez de llegar a Alcubilla de las Peñas, con restos de castillo, cogeremos el camino hacia tierras de palomares, en las que encontramos pueblos como Yelo, de iglesia gótica y barroca y con un interesante órgano en el interior, y Miño de Medinaceli, con ruinas de un castillo y donde el visitante puede descubrir en una peña cercana unas sepultura antropomorfas. Cerca de esta Conquezuela, pueblo al que todos los de los alrededores acuden en romería a su ermita de Santa Cruz, el 3 de mayo, próxima a la cueva del mismo nombre, a la que se accede por una bóveda de medio cañón del siglo XII. Este camino acaba en Ventosa del Ducado, casi deshabitado.
Entes de llegar a Medinaceli, desvío nos llevará a Beltejar, lugar de cañada real, y Blocona, los dos aún habitados. Y más allá, Yuba, fantasmagóricamente despoblado y sobrevolando por las rapaces.
Quedaría aún una parada importante: el yacimiento paleontológico de Torralba y Ambrona.Los palomares del cura
Una bella estampa en la ladera del montecillo en el que se abriga Yelo la constituyen, los palomares del cura; una serie, hasta siete edificaciones cúbicas o cilíndricas, rematadas por piedras formeras y cruces labradas de una sola pieza, declaración de la propiedad eclesiástica y parroquial.
AMBRONA Y TORRALBA
Los yacimientos de Torralba y Ambrona son dos de los más relevantes para el estudio del Paleolítico Inferior de la Península Ibérica. Los trabajos de campo fueron iniciados por el marqués de Cerralbo a comienzos de este siglo y continuados por F. Clark Howell entre 1961 y 1963 y los primeros años de los ochenta. Actualmente, un equipo dirigido por D. Manuel Santonja continua las excavaciones con el objetivo de poder reconstruir el ambiente y conocer la actividad humana que se muestra a través de industria lítica allí recuperada.
Ya a principios del siglo se descubrieron importantes y numerosos restos de grandes proboscídeos y otros mamíferos. Los restos óseos corresponde a elephas antiquus, y especies extinguidas de toro y caballo. El paisaje era entonces diferente: el fondo de los valles estaba ocupado por zonas pantanosas y las laderas cubiertas de arbustos y matorral. Estas zonas húmedas, con grandes charcas, eran lugares a donde la fauna acudía regularmente a beber y en donde podían ser más fácilmente cazables.
Los restos de cultura material corresponde al Homo Erectus que utilizó bifaces, raederas, cuchillos... para cazar, descuartizar y cortar la carne y otras piezas que, como los tendones, les debieron resultar útiles para determinadas actividades. En la elaboración de los útiles emplearon diversas materias primas, cuarcitas y sílex, algunas procedentes de núcleos cercanos como Miño.
En el yacimiento de Ambrona puede visitarse una breve exposición museográfica en la que se exponen algunos restos óseos de estos animales y diversos útiles. Junto a ella se cubrió una parte de la excavación antigua en la que pueden verse los restos in situ, tal y como fueron descubiertos.MEDINACELI
La villa de Medinaceli es sin duda uno de los conjuntos patrimoniales de mayor interés de la provincia y cita obligada para los amantes del arte en galerías de exposiciones artísticas. Si el poblado celtibérico, conocido por las referencias de los escritores latinos, constituye una de los hitos más significativos, más tarde, ha en época romana, Ocilis se convirtió en una ciudad de importancia. Diversas excavaciones arqueológicas realizadas recientemente, han descubierto pavimentos y cimentaciones de construcciones privadas en la Plaza Mayor y la Calle S. Gil. En aquella se descubrió un mosaico cuyo motivo central es la diosa Ceres, enmarcado por motivos geométricos y enmarcado por motivos geométricos y animales tales como una pantera, un león o delfines. El segundo mosaico, mas geometrizantes tiene dos bandas de especial interés decorativo. Posteriormente, ya en época medieval, el valor estratégico del emplazamiento hizo que se constituyera en capital de Marca Medina en las primeras fases de la conquista musulmana.
La primera referencia escrita de la villa cuenta que en el año 960 Ordoño, desterrado, se refugió en esta fortaleza gobernada por Galib, general de Abd Al Tahman, quien ordenó la construcción de las murallas entre los años 994 y 948. Después Medinaceli aparece vinculada ala muerte de Almanzor que la tradición recuerda aquí enterrado. La muralla fue reedificada en 1129 tras ser reconquista definitivamente por Alfonso el Batallador en 1123. Ya castellana, en manos de Alfonso VIII, este rey le otorgó fuero. En 1371, Enrique II concedió la villa a Bernal de Bearn, nombrándolo conde de Medinaceli. El condado pasó a ducado por concesión de los Reyes Católicos, comenzando el declive de la villa en el siglo XVI.Costumbres
En Medinaceli se celebran una de las fiestas más especiales del otoño. Se trata del ancestral rito del toro-júbilo. Una noche de noviembre, entre hogueras, los mozos corren al animal, convertido en una antorcha andantes, merced a una postiza cornamenta, con extremos impregnados de pez que arden dando al suceso un aspecto mágico.
La sal y el duque
El ducado de Medinaceli y la ribera del Jalón, en buena parte, son concurrentes. Y de Medinaceli su propia monumentalidad y el singular, por ser único, arco romano -siglo II d.C,- de tres arcos. El palacio ducal, en buena hora en fase de restauración, preside la plaza del "Toro de júbilo", a cuya plaza vinieron los comarcanos siempre, en los mercados, a "por sal y a ver al duque". Desde Medina, ciudad del cielo, desde cuyo campo de San Nicolás casi se toca, la vega arriba y la befa abajo, por la cañada que reparte caminos a Sagides y a Chaorna, a Montuenga y a Aguilar. De frente, el cidiano "Val de Arbuxuelo" y sus rocas o piedras testigos, verdadera filigrana a modo de cantones o dólmenes informes, naturales, en toda la comarca.
AL SUR DEL JALÓN
Después de comer y antes de continuar el camino a Santa María de Huerta, no hay que olvidar una gran cantidad de pequeños pueblos que se encuentran al sur del Jalón. Casi deshabitados, todos poseen un encanto especial. Salinas de Medinaceli toma su nombre de la extractora de sal Esteras de Medinaceli, tiene en su término municipal "el alto de la hoyas", que probablemente sea el nacimiento del Jalón; Azcamellas y Arbujuelo son pueblos cuyo nombre evoca a las desventuras del Cid; y, por último, Laina, rodeado de amplios pastos para rebaño de ganado lanar.
SIGUIENDO EL JALÓN
De camino hacia tierras aragonesas, por la autovía N-II, nos encontramos con Lodares, en el que se encuentra la única ermita dedicada ala Virgen de la O en la provincia; y el despoblado de Corvesín. Jubera fue villa y conserva restos de castillo. Somaén, también villa, perteneció al Ducado de Medinaceli Su castillo, privado, se ha reconstruido adecuando la única torre que conservaba como vivienda.. Entre los dos últimos pueblos, el desvío hasta Velilla de Medinaceli, tierra de pequeños huertos regados por el río Blanco.
La siguiente parada en el itinerario es el moderno Arcos de Jalón.ARCOS DE JALÓN
Es el mayor centro de concentración humana de la zona. Esta villa, que fue importante centro ferroviario y sindical, conserva en su casco antiguo los vestigios de la influencia del Ducado de Medinaceli. Su riqueza monumental se conserva en su plaza Mayor, del siglo XVI, donde se ubica su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de estilo gótico tardío. Coronando el cerro se encuentran los restos del castillo, torre de homenaje y parte de sus muros, testigos de la importancia fronteriza entre Aragón y Castilla de este pueblo.
Monumentos
Castillo
El castillo de Arcos de Jalón, muy ruinoso, conserva tan sólo unos lienzos y la destacada torre del homenaje, de trece metros de largo. Se cuentan con pruebas de su existencia en época de Pedro y el Cruel. Su aljibe debió ser muy grande, a juzgar por los restos. El conjunto debe pertenecer al siglo XIV.
El tren que era
En Arcos de Jalón, primer núcleo ferroviario en la provincia hasta hace pocos años, y hoy desmantelados sus talleres en la línea férrea Madrid-Barcelona, y de la que un nativo, Ernesto López Alonso, escribió una deliciosa obra en ese tono de destacar y apreciar la influencia de la vía y el tren en la villa de Arcos, que se llama hoy de Jalón, por el río, y antes se llamó de Medinaceli, porque era se los duques de Era.
De Arcos parten dos desvíos que nos llevan hasta tierras de Guadalajara, pasando por Sagides, pueblo de innumerables manantiales, Aguilar de Montuenga o su cercano Montuenga de Soria, más populoso y donde se adivinan los restos de otro de los muchos castillos. En Chaorna se pueden disfrutar de la típica arquitectura popular de adobe donde se pueden observar bien conservadas taínas, edifico muy popular en toda la zona para guardar el ganado
lanar, realizadas en adobe y con techumbre de ramas. En su término, hay otra cueva de la Mora, de parecidas características a la de Somaén.
Desde Chaorna llegaremos a Judes, donde el viajero debe pararse a contemplar su laguna y desde allí llegar hasta Iruecha, entre la mas boscosa de la sierra de Soliedra. Nos encontraremos en este pueblo una interesante iglesia, mezcla de varios estilos. Pero lo más destacable a nivel arquitectónico será la nevera comunal, una construcción circular que llenaban de nieve para almacenarla. En el aspecto tradicional hay que destacar la fiesta de la Soldadesca, que se celebra el 20 de agosto.
SANTA MARÍA DE HUERTAMonasterio cisterciense de Santa María de Huerta
A petición de Alfonso VII, una comunidad de monjes cistercienses franceses de la abadía de Verduns, se instaló en Cántabos. Poco después, en 1162, se trasladaron a un edificio construido en la vega de Huerta, lugar más idóneo que el primero. Uno de sus primeros abades fue S. Martín de Finojosa quien prono inició las obras para la construcción de edificación acorde a la orden. La primera piedra la colocó Alfonso VIII en 1179.
Diversas donaciones reales y nobiliarias junto a exenciones y privilegios permitieron al Monasterio crecer en importancia e influencia hasta que en el siglo XIV comenzaron las disputas y pleitos con el duque de Medinaceli. La vida de Huerta sufrió gravemente con la guerra de Sucesión a comienzos del s. XVIII y más aún con la de la Independencia a principios del XIX. Posteriormente, las diversas exclaustraciones acabaron con la vida monacal que pudo reinstaurarse a partir de 1874 gracias al tesón de los monjes y la ayuda prestada por la familia del marqués de Cerralbo.Arte
Iglesia
La iglesia del Monasterio consta de tres naves, crucero de cuatro capillas y ábside semicircular. Los últimos cuatro tramos de las naves fueron realizados en el s. XIII. La nave central se decoró en el s. XVIII en estilo barroco y en 1766 se construyó la reja que aísla de la clausura los dos últimos tramos de las naves. En el ábside, a los lados del retablos mayor, obra de Félix Malo, existen dos urnas de mármol que recibieron los restos de Rodrigo Ximénez de Rada y S. Martín de Finojosa.
Refectorio
Entre las dependencias monacales destaca el refectorio, obra maestra del s. XIII de gusto francés y en opinión de Lambert el más elegante del Císter en España. Se accede a él por una puerta de varias arquivoltas apuntadas que apoyan en columnas. El interior es de nave única cubierta con bóvedas ojivales y de amplios ventanales. En su muro este se dispuso un púlpito con escalera calada en el muro abierto por los arcos en tranquil que apoyan en columnas octogonales.
Cilla y Refectorio de conversos
Otras dependencias igualmente interesantes son la cocina, la cilla o almacén y el refectorio de converso. Este último, del s. XII, tiene dos naves divididas por arcos formeros apuntados sobre gruesas columnas bajo farras sobre basas cuadradas y rematados por capiteles decorados con piñas y hojas estriadas. La cilla es también obra del s. XII y es, con la anterior estancia, la mas antigua del Monasterio.
Claustros
Se conservan también dos magníficos claustros; uno renacentista, el llamado de los Caballeros, fue iniciado en 1533. En su cuerpo superior dispone de galerías de balaustres y arcos muy rebajados adornados con medallones figurativos. El segundo, al que se accede por la actual entrada al Monasterio, es el de la Hospedería, construido entre 1582 y 1637.
ANTES DE VOLVER
Desde Santa María de Huerta, el viajero se puede desviar hasta Almaluez, donde destacaremos s parroquial gótica. En su término municipal, hubo un campo de aviación en época de la guerra civil, que compartía con la villa de Utrilla, que estuvo amurallada, conservándose aún los restos de una puerta. Su iglesia, dedicada a la advocación de Nuestra Señora del Valle, es gótica y barroca. Por último, en el límite con las tierras de Almazán y las Vicarías, Aguaviva de la Vega, con una interesante ermita de la Virgen de la Vega, a la que cada cincuenta años acuden en romería los vecina pueblos de Utrilla, Puebla de Eca, Taroda, Radona y Beltejar.
Los quebrantahuesos hacia Yuba
Otra barrancada o paisaje impresionante es el camino desde Beltejar o Blocona hasta Yuba, con sus nidales de quebrantahuesos. Camino que ya empieza a borrarse. Cerca, Conquezuela y sus romerías a la ermita de la Santa Cruz y no lejos, en Iruecha, la célebre Soldadesca, una celebración recuperada que unos quieren de ascendencia vasca -Iruecha parece que quiere traducirse de euskera por "Tres casas"- y otros dice en ser réplica de las fiestas de moros y cristianos, al estilo de las confrontaciones mediterráneas.