Yacimiento
Arqueológico de Numancia
A 8 Km de Soria se encuentran
las conocidas ruinas de la ciudad de Numancia.
Su
emplazamiento permaneció desconocido durante largo tiempo
hasta que en el siglo XIX se llevaron a cabo las primeras excavaciones
arqueológicas en el cerro junto al pueblo de Garray.
No fue hasta 1.906 cuando se empezaron a excavar
de forma sistemática las ruinas de la ciudad. En
el año 133 a.C. la ciudad celtibérica de Numancia
cayó en poder de los romanos, completando así otro
episodio de la conquista de la Península Ibérica.
Los primeros indicios
de ocupación del cerro junto al pueblo de Garray se remontan
a dos mil años antes de nuestra Era. Desde el siglo III
a.C. la tribu celtibérica de los arévacos levantó
la ciudad que tantos problemas dio a los romanos. Se puede observar
que los que la trazaron sabían como eran otras ciudades
mediterráneas y ademas parece que tuvieron en cuenta las
condiciones climáticas de la zona.
La
planta esta determinada por dos grandes calles paralelas a las
que cortan perpendiculares otras once calles.
Las
viviendas se adosan unas a otras. Los cimientos son de piedra
sin escuadrar, que compacta con argamasa de barro. Tenían
pequeñas habitaciones y solían estar provistas
de un sótano a la entrada que servía de almacén
de alimentos.
Cuando
en tiempos de Augusto se levantó una nueva ciudad se mantuvo
el trazado anterior, si bien regularizando las calles que se
hicieron más anchas, pavimentadas y con aceras, perfectamente
visibles en algunos tramos.
En
la ciudad hispano-romana las casas se hicieron de piedra y las
cubiertas de teja. Se mantuvieron los sótanos indígenas,
que se recubrieron con losas, y se construyeron aljibes para
recoger el agua de lluvia. También se mejoró el
saneamiento.
El
recorrido por las ruinas de Numancia se realiza siguiendo un
itinerario marcado por doce paneles informativos que permiten,
mediante textos y esquemas, reconstruir el entramado urbanístico,
la forma de los edificios y la disposición de las murallas.
"Por Tierras de
Soria", Miguel Angel Zalama,135 pág., 1995
|